Te juro que podría morir por ti, una y mil veces, escapar del tártaros y morir otras mil y una veces más. Podría dar la vida por ti, un mártir del amor, incondicional, apasionado, ilógico y dedicado a ti. Pero morir es demasiado fácil. Fallecer por ti significaría un solo acto de desprendimiento, absoluto, si, pero solitario. Una condena a perderte, sentenciada a que me pierdas. Más que desvanecerme de este plano en tu nombre, en dejar tu nombre en lo más alto y perderme en el olvido, quiero vivir por ti, dedicar mi aliento, mi respiro y suspiro a tu persona.
Más que desaparecer un día en tu fugaz y momentáneo beneficio, te prometo estar vivo todos los días de tu vida. Acompañarte cada paso, apoyarte en cada carrera, darte mi hombro cuando quieras descansar, mi pecho cuando quieras llorar, mi rostro cuando quieras reír, mis ojos, perdidos en los tuyos, cuando quieras mirar. Te regalo despertarme más temprano para que tu café esté listo cuando despiertes. Te dedico mi última hora esperando que te quedes dormida entre mis brazos. La sorpresa en tus ojos cuando sales de la ducha para encontrarte con la pieza ordenada y la cama hecha. La comida para el día lista y preparada para que te la lleves al trabajo, cuando pensabas que no quedaba nada para comer. Ese es mi obsequio, estar junto a ti, todos los días.
Y claro, podría prometerte matar por ti, acribillar a tus enemigos, pavimentar el camino de la vida y sortear por ti todas las dificultades de esta travesía, las trampas de este periplo. Pero prefiero acompañarte, tomarte de la mano mientras aprendes a caminar por el sendero por primera y última vez. Te sujeto de la cintura cuando te quedes sin fuerza, para que tus pies sigan dando pasos con la última gota de energía. Agua para tu sed, alimento para tu hambre. Amor para tu desasosiego, paciencia para tu frustración. Prometo no ser perfecto, y hacerte parte de mis batallas, solo a cambio de que me dejes ayudarte en las tuyas.
Podría prometerte ser el más fuerte del mundo, estoico e implacable, macizo e imponente. Poder hacer daño, pero elegir no hacerlo, como prueba de mi superioridad moral y autocontrol sobre aquellos que son débiles, y no tienen esta alternativa destructora. ¿Para qué? Quiero acompañarte en mi vulnerabilidad, mostrarte mis heridas, mis llagas, los espacios vacíos, forados y agujeros, que la vida a alojado en mi pecho, en mi sien. Empapar con lágrimas tu blusa y abrazarnos en un íntimo nudo de emociones y sentimientos. Que todo lo que te importe a ti, de pronto me importe a mí. Contagiarnos de empatía. Eso es lo difícil. Y eso haría, cada día de mi vida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario