jueves, 6 de noviembre de 2025

Una vez más

Quiero escribir, pero no logro tejer una frase. No como me gustaría. Me bombea la cabeza entre el trabajo de hoy, el de mañana, el que no se si vendrá. El sobre estímulo me inspira por todos lados, pero tanto que no logro abrazar todo lo que me empapa. Un discurso de Pepe Mujica, un disco de Milo J, un libro de Tetsuya Akikawa. Recorro los reels de instragram como si fuera una maratón, veo frases notables, les saco un pantallazo y pienso que mi próximo cuento podría tratarse de eso. Miles de fotos se pierden en el cajón sin fondo que es mi teléfono, escondido entre fotos de mi gente. Y antes de dormir trato de reunir un poco de todo y bajarlo a texto. Pero no puedo.


Armo esqueletos, empiezo un cuento y tengo que hacer otra cosa, o se me hace tarde para algo. O me asalta otra idea que no pienso dejar escapar. Me frustra escribir y no decir nada, especialmente teniendo tanto que contar. Si pudiera tomar mis pensamientos y plancharlos en una página, tal vez habría escrito algo que valga la tinta en que se imprima. Algún día.


Se me hace tarde y recién me doy cuenta que se me olvidó cómo escribir. Ya no sé si hacer un cuento, una décima o una corriente de consciencia. Siempre caigo en la última. Casi siempre. Pero hoy siento como que realmente perdí las letras, las palabras me esquivan. Por eso decidí escribirlo. Una puñalada que me abra el pecho, y con eso dejar salir el coágulo que atraganta mi garganta. Todo puede pasar. 

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