viernes, 9 de octubre de 2026

Luego de la Muerte no hay Nada

Estaba seguro que después de la muerte había algo más. Mi mejor apuesta era reencarnar, idealmente en una persona, y en caso perfecto, con las memorias de mi vida pasada. ¿Qué tanto más loco es eso que pensar en que existe un cielo donde se está con Dios, o un infierno eterno donde todo arde? Claro, también estaba la alternativa de reencarnar en un insecto, un animal, tal vez un pez. Estadísticamente incluso, si fuese a nacer como ser humano nuevamente, lo más probable es que fuera de algún sector rural y pobre de India, China o África. Digo, estadísticamente hablando al menos. Bueno, nada de eso ocurrió.


No tenía una mala vida, y honestamente creo que en su minuto fui un poco malagradecido. Tal vez muy, pero es fácil decirlo ahora, con las cartas abiertas en la mesa y sin un as bajo la manga. Tenía una familia, que no era perfecta ni mucho menos, pero me quería, al menos a ratos. El trabajo era mediocre y estanco, pero al menos tenía algunos días buenos en que alguna carcajada me salía. Tal vez decir risa es demasiado, pero al menos así me sentía. Así lo recuerdo. Tenía amigos, que veía tarde, mal y nunca, pero los tenía, y a veces nos juntábamos a recordar lo bien que lo pasábamos de jóvenes. Todo eso tenía.


El conejo en el sombrero siempre fue matarme. Muy simple: cuando ya todo sea muy aburrido, me mato. No hablo de suicidio porque no me gusta el concepto, es una palabra un tanto manoseada. En cualquier caso, la lógica era simple, en el mejor de los casos, tengo un segunda oportunidad y todo va viento en popa. En el peor de los casos, bueno, que se yo, al menos respondería la duda existencial de todo los vivos: la muerte. Algo de curiosidad siempre tuve, es verdad. Pero ahora que estoy aquí, la verdad no es tan atractivo como lo imaginé. Suele ser así con la idealización y las ideas masticadas de sobremanera. Podríamos decir que fue un ligero error de cálculo.


Nada. Absolutamente nada. Ni siquiera yo mismo. Es todo blanco, deslumbrantemente opaco, con una leve silueta dorada iluminando el horizonte. Pero nada de nada. Ni siquiera yo mismo. Trato de mirar mis manos, mis pies, y simplemente no están allí. Es como si fuera invisible, incluso para mí mismo. Un concepto, etéreo y levitante. Puedo moverme, o al menos eso creo. No tengo puntos de referencia, no hay un arriba y un abajo, izquierda y derecha. No hay nada. El horizonte no es nada más que una idea distante que no se acerca, y que tampoco ofrece algo para alimentar la curiosidad. Esto es ser. 


Digo que es ser, ya que al menos creo existir. Más que mal, todavía pienso, puedo observar a mi alrededor. Palabras y ruidos caen mudos sobre oídos que supongo sordos. No siento el aire en mis pulmones, el esfuerzo en mi garganta al gritar. Es como que yo mismo hubiese olvidado existir, pero aún pienso, y por ende, existo. Irremediablemente existo. No se por que siempre imaginé la eternidad en negro, creo que hubiera sido más invasivo Y abrumador, pero esta falsa esperanza de encontrar algo me come un poco la cabeza. Si la tuviera, claro.


Echo un poco de menos leer. Había un libro que iba como en la página doscientos de quinientos, tal vez seiscientos. Los perros de mis papás. Mi hijo me caía bien. No era muy agraciado, pero a los cuatro meses creo que nadie lo era. No sacó mis ojos, creo que eso hizo que me identificara menos con él. Y bueno nada,  nunca pude ver que saliera la sexta versión de ese videojuego que llevaban diez años haciendo. Tal vez más. Ahora no me importa el tiempo, claro.


Camino (¿me desplazo?) hacia adelante, contando mis pasos. Ya he dominado la capacidad de poder contar los pasos y pensar al mismo tiempo. Tres mil cuatrocientos cincuenta y cuatro millones, doscientos treinta y dos mil quince pasos. Y contando. No tengo idea de tiempo. No se porque decidí contar pasos y no segundos. Se me hace tal vez más ameno. Por otro lado, tengo todos los minutos, segundos, horas, meses, años, eones. Cuando quiera puedo ponerme a contar segundos. Por ahora estoy bien contando los pasos. Tres mil cuatrocientos cincuenta y cuatro millones, doscientos treinta y dos mil dieciséis pasos.


Me gustaría tener mi música acá. Lo haría más entretenido. Intenté silvar, pero no escucho nada. Ya me cansé de probar cosas, así que ahora camino (me desplazo). Pienso en cómo iba esa canción, que tiene un bajo estupendo. Trato de recordar cómo era la vibración, y algo se agolpa en mi. Diría que en mi pecho, si tuviera. Ahora, el problema es que la memoria siempre ha sido mi punto flaco, no se cuanto pueda pasar hasta que se me olviden las letras de las canciones. Tres mil cuatrocientos cincuenta y cuatro millones, doscientos treinta y dos mil diecisiete pasos. Y claro, cantar y contar no conversan mucho.


Bueno, esto es todo. La vida después de la muerte es un gas etéreo consciente sobre un manto blanco prístino e impecable, donde nada pasa nunca. Solo me queda contar los pasos, y me he vuelto bastante bueno en esto. Creo que solo he tenido que partir de nuevo unas tres o cuatro veces. Dos mil treinta y siete millones, setecientos setenta y siete mil setecientos setenta y seis pasos. En breve llego a algún número más menos divertido. Vamos que vamos.

miércoles, 16 de septiembre de 2026

Collage

No se si alguna vez estuve. De verdad. Miro hacia atrás a lo que algunos llaman historia, sucesos sucedidos sucesivamente. Para mí era un vórtice, un espiral decadente en el que me encontré, boca abajo, acostado en el suelo, estirando mis brazos para alcanzar una pala y seguir cavando, hasta lo más profundo, lo más hondo del sinsentido humano. Absoluta y completamente disociado. Estaba, sin estar. Sin ser, siquiera.


Creo firmemente que solo somos un collage de las cosas que nos pasan, las personas que nos habitan, los tiempos que nos moldean, las historias que nos forjan. Pero en que momento está amalgama de instantes se apelmazan en un ente, un ser corpóreo, sintiente, ansioso, lleno de dudas, deseos, penas, glorias, sueños, metas y creencias, volátiles e inflamables, corrosivas y temibles. Al final, cuando el viento se haga fuerte, y las piezas del puzzle amenacen con salir volando como cometas en el cielo, dejaremos de existir como somos. Y tal vez aquella brisa será solo una excusa más para decir que fuimos. ¿Acaso existo porque piensan en mí? ¿Si nadie supiera de mi existencia, que prueba habría en el mundo de mi paso por el mismo? ¿Somos seres sociales por la necesidad de permanencia? 


Plantar un árbol, escribir un libro, tener un hijo. Anhelos de dejar nuestra huella en algún lugar, de alguna forma. La tumba del soldado desconocido está llena de nombres que nadie sabe, que nadie recuerda, y que al fin y al cabo ni importan. ¿Son por ello acaso menos importantes? Algo me deja disconforme cuando lo pienso así. Al fin y al cabo, cuando el árbol cae, no importa si hace ruido o no. Pero no deja de ser cierto que sabemos que cayó solamente porque el paso de alguien se vio interrumpido, o porque alguna madriguera fue cegada, o porque alguien, a lo lejos, lo escuchó caer. ¿Pero si nadie nunca lo encuentra, hubo un árbol en primer lugar?


¿Qué nos hace ser? El reconocimiento extrínseco de la existencia efímera en un chasquido del tiempo. El convencimiento intrínseco de que puedo interferir la vida ajena, en potencia, si así lo deseo, de un momento al otro. El mero hecho de que alguien, algo, nos piense vivos, ya sea uno mismo u otro. Tal vez por eso mismo el ser visto es tan gratificante. Tal vez por eso escribo, desesperadamente. Y tal vez esto sea lo más honesto que haya pensado jamás: quiero que me lean, para asegurarme de ser yo mismo. Hasta que me toque dejar de serlo, cuando la próxima brisa se lleve los recortes de mi collage.

miércoles, 26 de agosto de 2026

Kipling’s Boots

Seven hours and seven weeks have passed since the last time I wrote. Months, have been four. Of course I have written in the meantime. Writs, emails, letters, contracts, agreements, permits, authorizations, a will, but not my own yet. It has been so long that I do not trust myself with this writing even, and I am seriously thinking of simplifying my lexicon, as between shorter words you find less trenches where you can be stabbed in the back to your end. Or mine. I have even considered leaving this task to a ghost writer, that not even I can see, feel or touch. A sort of intelligence that is so close, yet, so far, so clear, yet, operating inside a black box that, myself, a mere mortal, cannot fully comprehend.

Oh, the glory. Once these intelligences gain the dexterity to write directly what I am thinking, what I am assuming, what I should know, without me having to spell each word, each idea to them, we will be finally free of ourselves, ready to get lost in the void, the vortex, the abyss. Boots, boots, boots, boots. Moving up and down again. There is no discharge of this world! Going to my job. Not really mine. To my office. Imprecise. To my throne, to be king, along side other kings and queens. And an imbecile that I do not stand.

It is no even my throne, as it has been conquered by higher power, the Firm. Yet the Firm is owned by another even higher power. The Owner. And to the owner I am in debt. Thanks to him I keep living in this gracious, absurd, meaningless marvelous life. Oh, such an honor to share my air with the Owner. He is the proprietor of my nine to five, my five to six, six to seven, seven to eight and some times my tens. Boots, boots, boots, boots. Moving up and down again. There is no discharge of this world!

And there! Alas! Between one thirty and three I have my freedom! Time for men! Almost always, except sometimes, several times a week. There, I go to the gymnasium, to train the body and the mind. Time for me! I rack, unrack, push weights, and pull weights. From one side, to the other. Nod from time to time to the other free men and women, sharing our freedom. I rack, unrack. Push, pull. Pull and push. And nod, from time to time. Boots, boots, boots, boots. Moving up and down again. There is no discharge of this world! Just in time, before my freedom ends, I shower, change, prepare and walk back to my throne. In time, just as my eternal watch dictates.

Oh but the nights! The marvelous precious nights! The first hours in the morning is where I rebel! Audaciously! Fearless! My watch is no more responsible for my actions. After eating, brushing and laying in bed, there is still time to be snatched from tomorrow! Energy allotted in a time that is not mine! There I lay, silent, breathing through my nose, laughing internally to the nonsense that occurs in somebody else’s life. He does not know the meaning of boots, or he simply does not care. There is no end game, no ideal, no goal. I just watch once, twice, thrice. Tenths, dozens. Hundreds of videos, songs, elaborations, elaborations, elaborations. There is no discharge in the war!

After a short rest, a shorter sleep, my energy depleted and my life gone, I find happiness in existing between boots, boots, boots, boots. Moving up and down again. As there is no discharge of this world! I woke up, give a kiss, grab a grub, walk a walk, bus a bus, and sit in my throne next to other kings, and that imbecile I do not stand. There I laugh, I yield, I lay flat in my mind. Ask a little intelligence to be a bit intelligent. Write the writ, elaborate the elaborations. For other to analyze the implications. There I rebel, in silence. A meaningless meaning, meaning to be alive. Oh and what a marvelous glorified life! There is no discharge of this war!

lunes, 13 de julio de 2026

Trasnoche

Que son estos arroyos que se escapan de mis cuencas cuando el sol ya se ha ido a comprar cigarros y la luna se esconde tras el frío del invierno. Esclavo de la carretilla de contenido que me acaricia el alma con un algoritmo a medida de mi pena. Me hace recordar lo que tengo, lo que no, lo perdido y lo ganado. Me grita que llore, que lo haga, que lo comparta, que me guste, que lo envié. Y no se si este sentir es mío o lo fabricaron en una oficina desde Silicon Valley.


Me aparecen frases de filósofos estoicos que profesaban la resiliencia. El aparatito escoge mostrarme vídeos de perritos agradeciendo una buena vida, que los acompañarán en su último aliento. Es como si los muy hijos de puta supieran que tengo la perfidia de nuestra Zahra todavía a flor de piel. Libros me saltan encima, cortos de película, gatillantes de lágrimas, deformadores de rostros, ladrones de la pena. Parásitos. Pero tanto bien que me hace, tanto bien que me hace soltarlo todo a las 2 con 28 minutos y una alarma contando los minutos para empezar el día.


No se si esta pena que me atraviesa es mía, es suya o es tuya, pero de alguien es, y si es ajena la tomo prestada. Bien que me hace derramar una lágrima de vez en cuando. Me salta un corto preguntándome por mi niño interior. Jamás me lo había cuestionado. Me dijo que lo imaginara. No le logro dibujar un rostro, un lugar, ni la ropa, ni una edad. No tiene nombre ni hogar. Y todo por un vídeo de una red social. Que me diagnostiquen. Que me toqueteen el alma si quieren. ¡Pero si lo que siento ahora no es mío, entonces de quien! 


De mis ojos saltan lágrimas como cataratas colgantes, cubriendo de una neblina densa la pantalla iridiscente. Si el algoritmo me fabrica este escenario por las noches, tal vez es porque se lo pido inconscientemente. Y si alguien tiene que aprovecharse de todo esto, que sea yo mismo. 

lunes, 18 de mayo de 2026

Metros

Pecho al piso

Flexión

Correr diez metros

Treinta metros

Cincuenta metros

Pecho al piso

Flexión

Arriba


Encuadre

Abajo

Tacle

Levanta el saco

Corre diez metros

Treinta metros

Cincuenta metros

Arriba


Intenta dormir

Cierra los ojos

Calma la ansiedad

Es un día más

Imagina

Diez metros

Treinta metros

Cincuenta metros

Arriba


Despierta temprano

Arriba

Bolso

Desayuno

Elonga

Encuadra

Tacle


Diez metros

Treinta metros

Cincuenta metros

Arriba


Recepción

Pase a la izquierda

Célula

Cierra el techo

Te golpean la cara

Mira adelante

Patada


Diez metros

Treinta metros

Cincuenta metros

Arriba


Encuadra

Tacle

Arriba

Encuadra

Tacle

Arriba

Reposiciona

Espera

Retrocede

Encuadra

Tacle

Arriba

Retrocede

Encuadra

Tacle

Arriba

Retrocede

Encuadra

Tacle

Arriba

Patada


Diez metros

Treinta metros

Cincuenta metros

Recupera


Corre

Esquiva

Corre

Mira

Corre

Diez metros

Treinta metros

Cincuenta


Cae

Espera

Calma

Respira

Espera



El Kine

Dónde está 

Espera

Respira

No mires

Espera

Respira


Doctor

Fechas

Esperar

Esperar

Esperar

Esperar

Esperar

Un día más

Operación

Empezar de cero


Pecho al piso

Flexión

Camina un metro

Tres metros

Cinco metros

Pecho al piso

Flexión

Arriba


Paciencia

Camina diez metros

Treinta metros

Cincuenta metros

Pecho al piso

Flexión

Arriba


Mira el entrenamiento

Respira

Paciencia

Pecho al piso

Paciencia

Flexión

Paciencia

Arriba


De a poco

Corre diez metros

Un poco más 

Treinta metros

Un poco más 

Diez metros

Un poco más 

Treinta metros

Un poco más 

Cincuenta metros

Arriba


Intenta dormir

Cierra los ojos

Calma la ansiedad

Es un día más

Imagina

Diez metros

Treinta metros

Cincuenta metros

Arriba


Pitazo inicial

Recepción

Pase

Corre

Apoyo

Mira adelante

Disfruta


Diez metros

Cincuenta metros

Cien metros

Abajo

Arriba

Abrazos

Sonríe 


Diez metros

Treinta metros

Cincuenta metros

Arriba